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Las presentaciones masivas de fanzines funcionan. Es un hecho que Julio Telio y MacDiego (los responsables de la sala de exposiciones La Guillotina y organizadores del evento) han conseguido constatar. Casi es aritmético: si a la presentación de una publicación viene poca gente, junta muchas publicaciones y reunirás mucha gente. Y eso hicieron: el jueves 25 de noviembre llegaron a ver la luz alrededor de una docena de publicaciones. La editorial Media Vaca llevaba a las 20 horas tres libros que ya podían dar que pensar: Alfabeto sobre la literatura infantil, de Bernardo Atxaga, ilustrado por Alejandra Hidalgo, Greguerías Ilustradas, una serie de las composiciones de Ramón Gómez de la Serna con dibujos de César Fernández, y Aroma de Galletas, en el que el texto es de Antonio Fernández Molina y la parte gráfica de Isol. Media hora más tarde, en medio de la algarabía que inundaba el pasaje, aparecían todos los demás. Tal Vez la estrella fuese el noveno número de la Col·lecció Mercat de Edicions de Ponent, Las habitaciones desmanteladas, un tebeo de Laura junto a varios guionistas entre los que se cuentan Onliyú y Hernández Cava, reciente premio del Saló de Barcelona. Siguiendo con los premiados en el Saló, se presentaba Como vacas mirando al tren, también con el número 9. El caso de Como Vacas es algo complicado, porque en este número deciden fusionarse - temporalmente, o eso dicen- con otras dos publicaciones: La nube y El naufraguito. Como además tienen una política de colaborar con todo aquél que tenga algo interesante que decir, el Como Vacas apenas se parece a sí mismo salvo por una cosa: la calidad de lo publicado es sobresaliente.
Los invitados en esta ocasión fueron Monográfico (de Burgos), Belio y el pujante Idiota y Diminuto, que dirige Juanjo el Rápido. También se presentaba el noveno número de Karma Dice, una revista bilbaína de humor negro, atroz e irreverente pero con poco de cómic o ilustración en sus páginas. La carencia de escrúpulos con los que tocan los temas es tal vez lo que más les acerque al resto de los fanzines que se daban a conocer en el pasaje Ruzafa.
Finalmente, Ego, de Gandía. Se trata de una de esas revistas que nadie puede creer que sea un fanzine. La calidad gráfica de su segundo número, dedicado a los olores, es realmente admirable. Fotografía, diseño, cómic, ilustración, poesía, y la mezcla de todo ello desde La Safor en apenas medio millar de ejemplares en blanco y negro que no deberían pasar desapercibidos. No se trata de un puñado de nuevos valores, sino de jóvenes profesionales con ganas de expresarse. "Somos la evolución de DitenNas, que era un fanzine que empezamos a hacer en el año 86" cuentan dos de sus miembros, Ana Soler y Virgilio Soria.
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