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El mundo del cómic se gira, cada vez más, hacia el mundo de la autoedición. Aquel dibujante o guionista que esté interesado en expresarse, ha de pasar casi forzosamente por la edición de su propia revista, normalmente en colaboración con algunos colegas en su misma situación: estas revistas reciben el nombre de fanzines.
El miércoles tres de noviembre se celebró en los almacenes de DDT (Distribuidora de Tebeos) organizada por la librería Futurama, la segunda Fanzinerada de la ciudad de Valencia. Unos veinte fanzines -casi todos de la capital, con alguna excepción- disponían de pequeñas paradas (llamarles stands sería exagerar), pero además había existencias de la mayoría de las publicaciones españolas realizadas sin un excesivo ánimo de lucro, que es como se puede definir a estas revistas. La calidad atesorada por muchas de ellas, gracias a los avances tecnológicos, hacen dudar de dónde está el límite entre lo profesional y lo amateur.
La muestra se completaba con un buen puñado de publicaciones inencontrables, raras, curiosas y demás, y con la presencia de multitud de autores/editores que si bien no vendían grandes cantidades, sí se dedicaban a intercambiar impresiones sobre el cómic. Dentro del local habían desde fanzines dedicados a los juegos de rol- Rolemonsters-, la ciencia-ficción -Hiperespacio- y otros dedicados al cómic, como Kovalski Fly o El Puñalito, de Barcelona, que acudían especialmente para la ocasión.
Retraso en la Semana del Cómic de Bellas Artes
Si bien no hubo una afluencia masiva de público, lo cierto es que en el local habilitado para el encuentro se pudo ver a una parte significativa del núcleo duro del tebeo valenciano. Entre ellos la organización de la Semana del Cómic de Bellas Artes, que anunció el retraso de este evento hasta noviembre por motivos de organización, y también autores como Sento o Ismael Rumbeu, editores como MacDiego, o incluso Lorna Arroyo, la Miss Valencia que justo ha acabado su reinado y que aparece por presentaciones de tebeos con asiduidad. Títulos tan interesantes como Ganadería Trashumante, tan llamativos como Pingüino Demente, tan poco convencionales como ¿Quién ama a Eggy Crash? (el primer fanzine sadomasokitsch, según su autora, Ana Elena Pena), o tan sugerentes como Sueños y Silencios dieron fe de la importancia que el fenómeno ha cobrado en Valencia en un acto austera pero eficazmente organizado.
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