SYNAPSIS
Artículo nº:216
Título:Juan Domingo
Autor:Nilo Casares
Fecha de creación:?
Fecha de publicación:12-Diciembre-1999
Anteriormente publicado en:-

En la obra de Juan Domingo es necesario tener en cuenta más de una cosa. Si nos ajustamos al fondo de sus producciones, el autor plantea una seria reflexión, aunque cruda, sobre los distintos procesos por los que el sistema que nos atosiga por todas partes, nos lava el cerebro desde bien niños, para que podamos tragar con lo que sea: y tragamos. Todo este desentrañamiento de la realidad de los discursos que absorbemos como golosinas se realiza con una rudeza que, algunos, juzgan excesiva pero que resulta la única posible para enfrentarnos con una realidad que, por sabida y absorbida, no queremos ver. Igual de fácil nos resultaría comprender su obra como una repetición de las actividades del Ángel Exterminador (Ex. 12, 23.) desarrolladas dentro de los nuevos patrones del net-art y del arte digital (en otros lugares ya planteé la aparición de un Principio Angélico que explicaría parte de la producción artística que encontramos estos días), ambos tipos de arte poseen la característica común de verse desmaterializados por la pérdida de su fisicidad al recurrir a soportes no atómicos, según la expresión que le gusta emplear a Nicholas Negroponte, conocido guru de la era digital, porque la materia de su realidad la constituyen los puros bits del código booleano que sustenta la nueva infoesfera por la que nos movemos, "Un bit no tiene color, tamaño ni peso y viaja a la velocidad de la luz. Es el elemento más pequeño en el ADN de la información. Es un estado de ser: activo o inactivo, verdadero o falso, arriba o abajo, dentro o fuera, negro o blanco" (El Mundo Digital. Barcelona, Ediciones B, 1995. 28); además de profundizar en el estado de perpetua violencia en que nos encontramos, para ensalzar como protagonistas, como actores, a los sujetos pasivos de la violencia de los media. Todos conocemos la violencia con que, un día tras otro, desayunamos, cenamos y sesteamos, auxiliados por esa caja que nos tiene a todos tontos, también reconocemos que a quien más tontos tiene es a los niños, dicen que por su ingenuidad, o debilidad, pero todos sabemos que un niño es el hombre en su estado más cruel. Y aquí entran en liza los personajes del autor, los niños recosidos en sus caras y cráneos trepanados hasta sólo dejarles en mente esa animalidad lerda con la que les vemos brincar de un estómago a una cabeza, hasta hacernos papilla. Esos niños, sujetos pasivos de la violencia, dejan de ser metáfora para convertirse en imagen clara del proceso de lobotomización en que terminan con una sola idea, que muy bien conocen los media, ésos son los querubes protagonistas de la obra. Como la escuela gore le satisface, se recrea en los caracteres y las escenas hasta meternos en una película que puede ser cualquier pasaje cotidiano de las mejores del género, pero no por la vana satisfacción hemática, sino para recordarnos lo que estamos haciendo con los niños que todos fuimos, lo que nos hacemos cada día en los media que nos dirigen hacia el estado de letargo y mal común, y tan acorde con las órdenes recibidas por el referido Ángel Exterminador. Esto nos acerca a las formas de sus obras. Procedente de la pintura, pronto se interesa por los nuevos soportes digitales (campo todavía por explorar entre los artistas valencianos), sobre todo por el cederrón, y las facultades que éstos poseen de dar pie al espectador para participar en ese desentrañamiento que ya traté más arriba; así, el recurso a los nuevos soportes que permiten la interactividad no es más que directa consecuencia del análisis previo sobre el mundo que se nos quiere enfrentar, desde la crudeza de unas imágenes que no buscan la complicidad sino la profundidad de la realidad desnuda; dar pie a la relación entre el espectador y estas imágenes, es devolver al sujeto la capacidad de rehacerse ante el espejo que se le ofrece a cada secuencia. De esta manera su obra en línea nos enfrenta a la interesante contradicción contemporánea de rescatar lo angélico (su inmaterialidad) desde la más matérica hemoglobina.

Fragmento 1:
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Fragmento 2:
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