SYNAPSIS
Artículo nº:190
Título:Colección de poemas
Autor:Luis Lovich
Fecha de creación:1999
Fecha de publicación:29-Agosto-1999
Anteriormente publicado en:-

Poemas extraidos de "El Gozo de los Días"® y de "Batalla por la luz del día"® (© Luis Lovich, 1999)

EL COLOR DE LOS VIEJOS VERANOS

He guardado el color el aroma de los viejos veranos He metido en un diario la promesa de luz y el brillo de los días No son ciegas las estrellas a estos cantos en la noche de las gasolineras, vacías en autopistas no por recordadas menos largas ni en horas menos felices. Los viejos días hablan en agua y en colores delicuescentes, y en novias que esperan lo impensable y no das sino cócteles baratos y batidos de hormonas sexos demasiado confusos, y el sudor de la seda y el sándalo y el sol sobre la hierba. Olor de farmacias, marihuana, he guardado tus hojas en mi viejo libro de colores. Eternos los días, y sus noches aromáticas de cedro y de sexos húmedos en el parque, y de neumático quemado. He guardado en un libro el color el aroma de los viejos veranos: El polvo de los tanques camino del destierro, El aroma cálido del ladrillo recalentado al sol, cuerpo a tierra y la pólvora de muchas armas semiautomáticas disparadas a la vez y tu olor el recuerdo de tu piel en medio de todo eso se confunde con otros aromas más opacos. Recuerdo el perfume salobre del mar en puertos cenagosos el color negro del mar cuando se cierra ante tus ojos y desaparecen todas las luces de la costa antes parpadeantes, antes brillantes, Y el fulgor de la arena cayendo sobre los párpados, y el susurro azul de la transparencia, y el aroma del sudor en las noches en celo y el murmullo de insectos en el umbral de la masía abandonada. He guardado el arrullo de los acantilados y chillidos de gaviotas bajo el mar en mi libro de colores y de veranos tan antiguos, No podrán desdecir las estrellas la potencia de este hechizo, ni olvidar aquella canción de agosto al amor de la cuneta.

NUNCA HUBO DIAS TAN LARGOS

Nunca hubo días tan largos, ni luces tan brillantes, que parece que, más que del cielo, de los altivos árboles gotea el sudor en telarañas de prismas irisados, caleidoscópicos, derramándose entre las pestañas de ojos que buscan un azul más puro entre la confusa calima del mediodía. Nunca hubo días tan largos, ni cuerpos tan líquidos, como estos que surgen del vapor entre la hierba y el polvo Ni luces tan brillantes, ni colores tan nuevos; nunca hubo aromas, ni cuerpos más dulces Dadle agua al agua, y dejad que el verano nos posea y nos derrame, y nos haga compartirnos.

NO TU SEXO

No es tu sexo lo que en tu sexo busco, sino el agua que grandes émbolos derraman del Alma profunda, y la luz que trae el agua, fulgurando con resplandores de joya, y que es tu luz: eso quiero beber y que me entregues, no tu sexo. Prueba el vino que esta noche te ofrezco: es ácido y verde, sabe a yodo, y es salobre, como el mar en el que nacimos, y que espera, siempre, detrás de todas las montañas del Mundo. No es tu sexo lo que en tu sexo busco, sino el Océano, sacudido por tormentas y mecido por vientos que arrastran atardeceres de plomo, y los fuegos circulares que nacen de mares cálidos y calmos No tu sexo, sino tu mar Lanzado hacia cielos ambiguos desde émbolos convulsos, con los ojos cerrados y un grito casi pudoroso, extrayendo de lo más profundo de tu cuerpo la sal de las lágrimas y el amargo del sudor. Es un Océano de donde beber lo que busco en el fondo de tus ojos caucasianos, No tu sexo.

SIEMPRE LA LLUVIA

Recorría tu cuerpo cálido y blanco la humedad de mi lengua recogiendo tus lágrimas. Te agarré muy fuertemente en la penumbra. Hoy que se desvela cada pliegue y todo lo que estaba oculto bajo la sábana se atisba velado entre la luz siena que atraviesa los visillos. Tu cuerpo pálido y joven se hace joya y se hace blanco sobre la sabana blanca y en blanco el libro de las palabras torpes que no se deben decir, sino pegarse, agarrarse hasta romper la epidermis, y dentro de la piel todo ese amor que querías darme que no podía Aceptarte. Me miro en el palpitar blanco de tu pecho como en el espejo de un lago ondulado por el viento y la niebla, Y, como el árbol y el viento, estamos sujetos por el sonido de la lluvia. Esta caricia va a ser la última. Siempre la lluvia traerá el aroma del deseo como aromas de tierra húmeda y como ozono fruto de la tormenta, De la humedad del bosque de tu pubis, de tu mano en la fruta de esta noche extraña, De tu amor, que me es prohibido, el alcohol me arranca a dentelladas las sensaciones y los recuerdos que, Siempre la lluvia nos devolverá como un antiguo y confortable mantra en la noche oscura y nublada en que comprendamos; En la noche perlada de abrazos y lágrimas tendremos, frágil y oscura en su pulsación de amor, húmedo y entrañable, como el aroma de un hogar olvidado en algún punto borroso de la infancia, siempre la lluvia

LA NOCHE EN QUE NAUFRAGAMOS JUNTOS

Estas son horas para la pasión y para el abandono a la caricia de los cuerpos que se navegan, entrelazados como delfines de luz blanca; de las sábanas izadas como velas o banderas, sin rendición en la noche. En este lento naufragio del uno en el otro, en este velar, y no ya surcar, los sargazos lentos del alba pálida tan entregados al placer como abandonados a la muerte y al destino. He venido a tu pecho a buscar un continente virgen para esta sal, para este temblor. Sin lágrimas dejo en ti mis secretos tesoros de olas y días tibios y cabellos que se erizan y saben de lluvia, y saben lo que dicen los niños con los ojos cerrados y quietos. Esta es nuestra cama, velero transfigurado de la noche, quieto en el estremecimiento del abismo que rompe y siempre está cerca. No tendremos frío al abrazarnos. No tendremos miedo. No es amor, amigo, esta conquista sin victorias. Déjame aquí, en el temblor de estas olas, con todas las sábanas alzadas, fantasmas contra el amanecer y la lluvia, con el torso brillante de sudor capturando la poca luz de las estrellas, más allá de los pilares dónde el mundo se desboca en su cascada final. Y dime que no fue imaginaria la noche, sino tal vez la amanecida, la casa, la ciudad, las inhóspitas palabras de despedida que hoy no nos atreveremos a decirnos.

CANCION EXTRATERRESTRE

Bebieron tanto Azul en el final de ese giro que cayeron ebrios, desplomados en la zona de musgo húmedo de metano líquido del Campo de Aerolitos: recuerdos minerales destellantes de un tiempo de esplendor, semillas de quásar. Fue un largo giro, la última rotación de la nebulosa... Se amaron y bebieron Azul hasta caer yertos en el cieno fungoso y su delicada y voluptuosa sensación. El primer sol se había descolgado ya del cielo, y esperaron la penumbra, ahora terminada con los primeros fulgores rojizos de la salida del segundo, Antares asomaba su horizonte gigantesco violáceo sobre el Mundo, sobre el perfil aún sombrío del Campo de los Aerolitos. Bebieron los amantes demasiado Azul; tanto que, a través de las luces de este amanecer inagotable de la gigante roja Aún podían ver el vacío, y, en el vacío, atisbar los fogonazos del último colapso de las hipernovas.

AMIGO BRILLANDO EN LAS ESTRELLAS

Desde esta órbita opaca donde no hay tiempo y sí memoria: nosotros, jóvenes, perpetuos, lentos en los días, unidos frente a las masas que vociferan letanías ciegas; dos con el universo, eternos compañeros, hermanos de galaxias. Como aquella vez que alcanzamos el Enterprise en la frontera de Aldebarán, entre razas y destellos celestiales. ¿Como olvidar el fulgor de las naves incendiadas bajo los rayos C en las puertas de Tanhauser, mientras Roy, eufórico, entonaba desafinados cantos épicos? Y si Hal te susurra que debes abandonar la nave, y sabes que acabarás cayendo en una espiral antigravedad, recuerda la dulce nana de la materia pura, su mantra silencioso, susurrado en el vacío perfecto. Las mentes bajo sämsara no pueden saber cómo hemos gobernado imperios celestes, y salvado miles de universos de sus destinos inciertos. Nuestras intuiciones son más poderosas que nuestras píldoras; sabemos como se siente la fuerza que no quiere vencer a la oscuridad. Humanos y aliens aman y mueren a través de los pársecs; batallas galácticas iluminan cielos violetas sobre civilizaciones iniciales. Un pequeño homínido asustado acaba de descubrir el fuego bajo la mirada del centinela monolítico y celestial. Hemos abandonado la Zona Negativa en el punto de colisión donde la familia Richards se enfrenta eternamente a Galactus, Mientras Magenta y Riff Raff, camino de Transexual, Transilvania, silban despreocupadamente una vieja melodía de T.Rex. No pidamos a los que medran entre las tuberías que entiendan esto; sus batallas son otras, o quién sabe si también estas. Hemos buscado a Kirk durante meses, Data y Spock tampoco nos dieron la respuesta lógica. Más allá de la estela del Silver Surfer, más allá del cubo de sufrimiento Borg, en el fondo de la pesadilla biomecánica del Nostromo, en el corazón herido de los mutantes sobrehumanos y de los androides y replicantes, hay una verdad profunda y una, unico punto de brillo en el mar ciego de estrellas; hay un vórtice de intuición y sabiduría, vuelto sobre sí y sobre todo ser; hay un torbellino de vibraciones como placer/dolor y consciencia luz; hay una dulce y tibia piel conteniendo el universo completo que mira por tus ojos. Más allá de donde nadie ha podido llegar; algo así como si Arthur C. Clarke pudiese comprender de pronto, y este vacío iluminado, Grial de las galaxias y de los multillones de mundos, es lo que hizo llorar a Frank'n'Furter en su canción final. Así que ahora he sido atrapado en una órbita caótica, en el influjo de poderosas singularidades que me arrastran al torbellino negro de su colapso y amenazan separarnos en una silenciosa implosión. Aferrado a los últimos pedazos, a los tristes asteroides, me siento como Magneto o Anhihilius, desterrados de sus mundos Marvel. Como el Principito en su planetoide de café francés de provincias estoy capturado en esta gravedad enferma sin mucha esperanza, y desde aquí quiero dejarte esta promesa, escrita en la materia oscura del espacio: No dejaré que los finales sean, o que no sean felices, no dejaré que te ocultes en nebulosas, en pulsares esquivos, las tormentas de polvo cósmico y los cataclismos cuánticos no podrán cegarme, las llamaradas X de los ángeles quasar no serán obstáculo esta vez. Porque voy a recorrer los universos para buscarte, y para encontrarte Asumiré todas y cada una de las formas de la consciencia y de la vida, viajaré como ARN helado en cometas de cenicientos a través de los eones luz, hasta dar contigo en quien sabe qué mundo remoto, tal vez en este, hasta encontrarte y poder jugar juntos una vez más, una vida más.

RADIOGRAFIAS DESDE EL TREN V 2.0

No te esperé en vano en la estación vieja. Recorrimos nuestra herencia y nuestro paisaje: Tierra gris y piedra, agua, azul y aire y marzo, abandonados a los golpes de viento en la entrada del túnel; con la mano en el cristal de la ventana, saludando a los lunes por venir y a las sonrisas que pasan rápido, y que sólo se ven una vez. Tú esperabas allí, al final de Barcelona, con una pequeña maleta que pronto perdimos en la aventura de alguna consigna. En tus ojos la luz del tiempo que brilla, y permanece. Lanzados a las mañanas como a un flujo de aire y luz blanca y bruma oliendo a caldera de carbón, a bollo horneado y a planeta nuevo, a humedad en el parque y a niños que tiemblan camino del colegio.

TE AMARE

Te amaré a pesar del invierno, y de esta niebla como nieve. Te amaré aunque tú no me ames. Te amaré caminando por los raíles del tren que ya no pasa. Te amaré en discotecas que amanecen borrachas, vacías, hermano. Te amaré ayudado por la soledad, y por la tristeza. Te amaré porque no bailas, y porque hablas rápido. Te amaré con la rabia de un domingo de resaca. Te amaré porque importas y tú no lo sabes. Te amaré porque has visto el mar, y porque el cielo brilla sobre ti. Y cuándo caigan las estrellas, y el mundo sea hostil y oscuro, y no te quede un hombro herido sobre el que llorar, recuerda esta fiesta, y las noches de copas como besos y canciones como las caricias que nunca sabré darte. Te amaré en mitad de la batalla. Te amaré en calles sin nombre camino de la niebla sin vuelta. Te amaré en silencio, como en una oración. Y cuando caiga el velo de la oscuridad como opio negro, y cuando tengamos miedo de estar más solos, coge mi amor de estos abrazos insinuados y este tacto de lágrima, coge mi amor, como si fuera el genio en el fondo triste de la botella vacía; y sonríe para mí como antes, sonríe otra vez.

LAS CADENAS, ROTAS

He abierto los brazos para abrazar la revolución que llega. En la luz de este aire está el verde y la proclama de los planos de empatía abiertos a todos nosotros. Una lágrima cae justo al salir el tren. He desnudado mi torso para arrancarme la camisa y envolver sus mentiras y sus palabras celda. Prisioneros de la ardiente gasolina: mentís es mentira. Todo arde arde mi piel bajo el sol rosa bajo la luz verde. Patronos, obreros, yonkis, lúcidos, salvajes, temerosos, borrachos, cretinos, mamás, mutantes, papás, papas, madrileños, extraños, ciegos, sinceros, viajeros; es un canto de libertad y no es sólo para mí. Ya he hecho el equipaje, y todo cabe en una bolsa de papel reciclado como pasiones y budas y deseos y apegos. Sólo ésta amistad es verdadera. Créeme ésta vez. Cree en lo profundo de mi amistad y en la realidad de esta empatía en este instante exacto. Mira como me agarro a la Tierra: casi desnudo, con las manos en zarpazos al Sol y los pies en el viento; con tan pocas cosas con tantos abrazos y tantas palabras bonitas, Y en el suelo las cadenas, rotas.
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