Enciendo el fuego de dentro
en pequeñas astillas.
Voy quemando el rencor que me tengo
por no aceptar cómo es este yo
y esta vida.
Arropada en un sentimiento,
viendo los Teleñecos,
brutalidad, sangre y odio,
en mi sofá con mi manta a cuadros
y el bocata de jamón york albardado
encima de la mesa.
A mí no me ha tocado la lotería.
Pienso en blanco y negro;
mi voz no suena
mis oídos no funcionan
todavía guardo un poco de color dentro.
Arco iris son mis pensamientos.
Ven homosaurio de la Caverna Subterránea
para que pueda sentirte dulce.
Ven brujita presumida,
busca las mágicas hierbas del trance.
Ave del paraíso, cual estrella fugaz
sólo tú puedes decirme qué hacer.
En el verde jardín de mi cerebro
donde las flores se esconden a tu paso
y el amargo aliento del aire
contamina mi nariz.
Tu falsa sonrisa arruga tu cara
en tu bolsillo encuentras todas las envidias
por el agujero se escaparon los curiosos
y tu odio escupe lagunas de mierda.
¿Qué hay al otro lado del río?
No entiendo qué tempestad de lógica
me confunde
no consigo dominar la materia gris
de mi cerebro.
¿Por qué lo preguntas?
Me acuerdo de antes
hacía más frío
y el camino no tenía fin.
El negocio de mi vida, pasear a Satán.
Cuidar al monstruo.
Organizar una rifa, regalar la magia,
repartir paraíso.
Todos se venden por un pedazo de cielo
del cual no son merecedores.
Mi lado oscuro vuelve a brillar.
Escupiré la verdad
me retorceré en la mentira
cotizaré alto en el Infierno.
Pero
cuando me canse de llorar
me sentaré a jugar.