No me dejéis solo en domingo,el domingo militante de la IglesiaOficial, de calcetines de encaje y zapatos de charol, cuando las madres se embellecen y huelen a Domingo de Ramos. No me dejéis solo en domingo que hasta el sol parece el regalo que nunca tendrás en Reyes, y las conversaciones dejan el regusto amargo de la intolerancia y los castigos, el martini con gas de las tabernas y el aroma festivo de los calamares. No me dejéis este domingo electromagnético, enredado en las ondas que nos traen goles lejanos y espumas para afeitar el lunes, los deseos, las esperanzas, y las promesas inútiles de cada domingo. No me dejéis solo este domingo terrible de ateísmo militante. (De El Mundo Pudo Ser Una Bella Verdad. [inédito]) EN OTRO MUNDOMuéstrame el corte profundo en tu garganta,los caminos apenas dibujados de tu cuerpo que a las mismas cimas del dolor, ayer, te condujeron, y acércame tus manos, inventario de la agonía. Llévame hasta el lugar vergonzoso y humillante donde magullan y fracturan tus carnes y tus huesos, al campo devastado donde eres sólo sombra y sumidero de parásitos, territorio de las moscas. Déjame ver cómo se cuartea y descompone tu pellejo, que tus ojos dirán al objetivo lo que nunca sabremos de ti. Morirás feliz, mañana, en las primeras páginas. (De El Mundo Pudo Ser Una Bella Verdad. [inédito]) ALZHEIMERA Juan, desde el otro lado.No pasa la saliva. Hay en mi garganta un dique insalvable de gelatina en crecimiento - ¿o acaso no soy yo el que tose y expectora? - Si al menos supiera quiénes son estos que sonríen y saludan desde los espejos... ¿son caricias esto? Gesticulan amablemente pero su lenguaje torpe dice cosas que no tienen en el rostro... y luego esos ademanes analfabetos. La casa es grande, sin solución de recorrido, el pasado tengo detrás de los recodos, - también me tiene él a mi - me quedo solo, a menudo, con mi flamante futuro huérfano por delante. Una mujer se empeña en confundirme de modo que unas veces es mi madre, - la llamo de lejos cuando apenas comienzo a subir la calle del naranjo y el aire cítrico me traía el pan y el mineral - otras veces es una joven hermosa, intacta, con un cachorro en el regazo, que miraba con los ojos del norte. Es muchas mujeres que ya no recuerdo, pero la que prefiero es aquella, dulce, de ojos claros - no conozco su edad - que se sienta a mi lado y busca con sus pies los míos mientras la miro, y recita muchas veces seguidas los números y los días de la semana. (De El Mundo Pudo Ser Una Bella Verdad. [inédito]) COSMOAGONÍAHe visto en el corazón de Diosun tumor atmosférico, mutable, rotativo, que arrastra tras su vida terminal como si una cuelga macabra fuese, los silencios vergonzosos del contagio, las batidas ignorantes del populacho, la enfermedad, la muerte. Pero aún más dramática la metástasis en la pupila del frontón isósceles, los traspiés tremendos, epicentro múltiple, caricaturas de la embriaguez andrólatra de este Polifemo sacro que bracea y se desploma, gime y renuncia. (De El Mundo Pudo Ser Una Bella Verdad. [inédito])
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