"HERMES, O EL NIÑO VIEJO"En ocasiones me han acusado de ser un tanto injusta con la música clásica. Evidentemente se puede gozar de una auténtica y profunda experiencia estética escuchando a los clásicos.
Para Nietzsche, Wagner era un genio. Significó para él un punto de apoyo en su enfermiza y desgraciada existencia. Quizá la música de Wagner supere a la filosofía de Nietzsche al conseguir hallar ese punto medio (la virtud de la que hablaban los antiguos, Aristóteles, etc.) entre Dioniso y Apolo, y lograr en la ópera la obra total, una síntesis de ambos (o sea Hermes). El mejor rock sabe quedarse con lo que de positivo hay en Dioniso y en Apolo, y seguir el método, el camino de Hermes, mediación entre el corazón salvaje y la técnica, el saber hacer (tocar). Nos hace sentir, ver, la pasión y la energía de por sí ciegas e incomprensibles. A algunos grupos les sobra fuerza, pero no saben tocar, otros se pierden en la exuberancia de arreglos, en barroquismos estériles, en alarde de dominio técnico del instrumento, exhibicionismo superfluo. Podemos establecer un cierto paralelismo entre la evolución de la especie humana, el desarrollo de cada individuo y la trayectoria vital de los grupos de rock. Dicen que la filosofía comenzó en Grecia cuando se abandonó el Mito y se buscó en el Logos (la razón) la explicación del universo. En la historia de la humanidad, del individuo o de los grupos salta a la vista una palabra: desencantamiento (Max Weber). Los niños y los primitivos piensan de forma similar... amarga desilusión... ¡Que no! que el huracán no es el soplo de los dioses enfurecidos, sino la consecuencia de circunstancias físico-atmosféricas coincidentes. Desde el rock, en su más amplio sentido, grupos de "hippy-punkies" y amantes de la new age intentan recuperar el mito reprimido, la profunda experiencia de lo valioso, de lo que confiere sentido; religarse con la madre naturaleza en comunión con el corazón del cosmos... El tiempo primitivo, mitológico, es circular, regenerable. El nuestro es rectilíneo (de reloj). Una vez perdida la inocencia es imposible volver atrás, la experiencia te cambia para siempre. El rock también anda por las calles sin retorno. Al joven adolescente, impetuoso, le afusca la vitalidad. Alucinabas con tu barata imitación de estratocaster y tu sencillo pedal de distorsión o improvisando la batera con la caja de galletas y el botén de Colón. Y quizá acabes no sintiendo nada con un equipo de lo mejor, ¡lo que son las cosas! Apenas sabías afinar y ya querías subirte a un escenario, tenías algo que decir. Algunas críticas, justas pero despiadadas, te hicieron perder la ingenuidad. Poco a poco te diste cuenta de que la mentira es la que manda, la que causa sensación... aprendiste a tocar bien pero entonces ya no tenías nada que comunicar. Tan sólo restaba abandonar o convertirse en un profesional de la música, del rock, y sacar partido, pasta, a la desilusión.
Andando la historia el primitivo se hizo ilustrado, alcanzó su "mayoría de edad", y se atrevió a pensar por sí mismo. Adquirió conocimiento de todo, dominio técnico... Pero no supo ya nada de las cosas importantes, las cosas del corazón. Unos porque no aprenden nunca a tocar; otros, porque durante el aprendizaje fueron perdiendo esa emoción mágica que nos hace ver las cosas cuando menos en rosa amargo; amargo, sí, pero rosa. Tanto esfuerzo, tantas horas de ensayo, tantas notas y escalas para luego ver con una lucidez demoledora que el rock & roll es una estafa, puro "marketing", sucio negocio. No hay criterio para establecer cuánto de Dioniso y cuánto de Apolo es lo adecuado. Se trata de una intuición cultivada a lo largo de la vida, en un montón de experiencias. Pero en el aprendizaje, al ir siendo maduros dejamos de ser niños, perdemos la espontaneidad, en fin, paradojas de la naturaleza humana... Dentro de las bandas guiadas por Hermes, algunas dieron mayor presencia a Dioniso (la energía), como La Perrera; otras a Apolo (lo bello), como Los Bichos y otras a la mediación, al mismo Hermes, el andrógino, como Doctor Deseo, todos dentro del reino de Hermes, el niño viejo. "A los que nos perdimos en el camino" |