Poemas
por Amparo Arróspide / Abril'99

VOCACION

Sepas
que ninguna mujer, ni de este mundo
ni de los otros,
vale la pena de un verso;

que ningún hombre vale el olvido

Si aún así no te arredras,
será que has descubierto la dicha
de levitar sobre tus dudas
en cuaderno de piel de sacerdote,
como contó de Safo María Elena
antes de arder

"Puestos al fuego, amiga mía,
todos los vates somos iguales

"Y de esa quemazón que se consume
y fin que se corteja,
no profetices nada: sé insumisa"


Despertar del Funcionario

Ser zombie: rellenar correctamente
el formulario de la vida
Amar el cuerpo y sus pasiones
(recuerda aquel rostro yacente
junto al tuyo, perdida)
Buscarse de día, buscarse despierto
decir palabras como quien pone sellos
y estampa con el timbre de su sangre
la clorofila de cinco laborables
y un weekend;
abrirse paso como animal por jungla
dibujarse otra cara
y saber, al final
de tanto y tanto
que de nada te vale
que sólo has cumplimentado
correctamente
el formulario de tu vida


PASEITO

el pollito que al final se supo cisne
hablamos de viajar a Copenhague
por cristian andersen, una ciudad fantasma
donde hace años criamos malvas
de flower power

las paredes cayéndose a golpes de graffiti
y el gong resonando en cada tímpano
cuando california dreams y david bowie
en cabellera larga hasta los pies

idioma terco aquél, algo a caballo
con sabor a fiordos y malmö
tan cerca y cruzar en paquebote
la costa de la vida: en veinte años
habrá cambiado aquéllo
¿existiré?


Correspondencia de Yo a YO

Carta número 1)

Recepción complicada, como siempre,
los mosquitos, muy grandes y molestos,
trasquilaron las bestias; al callarse se escuchan
las músicas del mundo menos
las palabras; un cárdeno pajizo resplandor por
lontananza; gente va a la iglesia; gente
pía y pía disfrazada de gorrión; asfalto
recociéndose: hubo tiniebla pero ya pasó,
las noches serán largas por aquí
y los días, un cuento. Espero sigas bien.

Ten cuidado al cruzar, que los semáforos
son seres malignos, tuertos, bizcos
extraterrestres, cíclopes a veces y los monstruos de metal que no paran.
Fue un buen consejo, me harás caso, lo sé, tampoco mires
los brillantes carteles, las luces de colores: son peligrosos. No entres
adonde todos van, sobre todo de día, porque
de noche llorarás contando las mentiras: es difícil
parecer sordo sin serlo pero haz un esfuerzo.
Por lo demás: aúlla.
Te digo lo que sé. Un beso.

Yo


Carta número 2)
DE YO EN LA CIUDAD A YO EN EL CAMPO


(a los 301 días del invierno)

Hija: Todos preguntan por el Supremo aquí.
Mándame información actualizada y fidedigna. Gracias por el consejo pero
si lo siguiera no saldría de casa ni a la puerta, y el sol calienta que
da gusto. No me embromes con tanto consejo, pero te quiere siempre. Y te
recuerda.

Yo


Carta número 3

Madre: Allá tú entonces si te atropella un coche. Ya sabes lo miope que eres y que no distingues un rabo entre las piernas de la sombra del maligno. Sospecho que has abandonado tus buenas costumbres del campo en cuanto llegaste allá. El Supremo te quiere y te vigila. ¿Qué quieren saber esos urbanícolas? Seguro que has abandonado tus rezos nocturnos y llevas falda corta, a tu edad! No hagas la tonta y vuelve.
Te quiere.
Yo


Carta número 4

Hija: Te han agriado el carácter. Pareces tú la vieja. Te ruego no me incordies.
Yo.


Carta número 5

Madre: esto está que arde. Tienes un mes de vida o se lo digo al Supre.
Contesta urgente. Yo.


Carta número 6

Hija:
El Supremo soy YO.


ECHADORA DE CARTAS

Tengo todas las soluciones: sé todas las respuestas
pero callo el misterio
tras mi velo de tul
tras esta desnudez que exhibo mientras con mano diestra
barajo, me persigno, me comulgo
con los poderes sabios
del más allá
y telesensorialmente te transmito
lo que ya sabes, lo que anhelas -dime-
escuchar,
la solución de tus cuitas, el manjar de tus angustias
y sé
que viajarás más noches que las que te sea dado vivir
y sé
que buscarás en vano el alimento
detrás de mis palabras, de estos naipes
con que brindo, fogosa, y desatino.



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