La estética de Heidegger es solamente una etapa dentro del proceso de su metafísica, un tramo del camino que el filósofo recorre hacia la determinación de la verdad del ente y hacia el esclarecimiento de los procedimientos a través de los cuales el hombre (el Dasein, el ek-sistente, el ser-en-el-mundo) la capta o establece. Por su parte, la metafísica de Heidegger es una analítica existencial. En su pensamiento no hay ningún Ser absoluto, sólo el ser finito del Dasein. Ser finito, pero también el único ek-sistente, el único con la cualidad de proyectarse fuera de sí haciendo que los demás entes se constituyan como tales, el único capaz de cuestionarse sobre el ser del ente en su totalidad y con el poder para instaurar el orden en el caos original. Las reflexiones de Heidegger sobre la poesía están, por lo tanto, dentro y fuera de la estética, porque su misma estética está proyectada fuera del sí, al igual que el propio ek-sistir del ser humano. Lo que Heidegger afirma sobre la poesía sobrepasa el campo de la poesía en sentido estricto y se extiende para referirse a la Poesía, en sentido amplio u originario: Poesía como poiesis, como producción de un mundo histórico. Revisaremos a continuación solamente uno de los textos heideggerianos que nos hablan del lenguaje poético: el ensayo titulado Hölderlin y la esencia de la Poesía. En él, el filósofo explica y desarrolla cinco temas o sentencias del poeta Hölderlin. ¿Por qué Hölderlin, habiendo poetas de más renombre como Homero, Sófocles o Virgilio, como Shakespeare, Dante o Goethe? Heidegger nos lo dice: eligió a Hölderlin por ser el poeta del poeta, el poeta de la Poesía. Veremos, entonces, las opiniones de Hölderlin sobre la Poesía, dentro de un marco metafísico elaborado por Heidegger casi un siglo después. En la primera sentencia elegida por el filósofo, el poeta se refiere al hacer poesía como "la ocupación más inocente de todas". Inocente, interpreta Heidegger, por inofensiva e ineficaz. Ineficaz porque no busca hacer nada ni transformar nada, porque no se orienta hacia la acción práctica. Inofensiva porque se asume como juego, un juego de palabras que crea un mundo imaginario y se complace en él. Sin embargo, esta primera aproximación sólo nos da la apariencia de la Poesía. Debemos profundizar y, para ello, Heidegger elige un segundo tema que parece contradecir completamente al primero: "Por esto se le dio al hombre la palabra, el más peligroso de los bienes, para que él dé testimonio de lo que él es." La palabra es un bien para el hombre porque le permite dar testimonio de sí mismo. Dar testimonio es denunciar y mantenerse en la denuncia. El hombre, gracias al lenguaje, puede manifestarse como perteneciente a la Tierra. El lenguaje le permite dirigirse a los entes para decir lo que son, le permite instalarlos en el ser, haciendo posible el mundo, y -al tiempo que lo hace- salir de sí y constituirse en su esencia de ek-sistente. El hombre construye y asume su existencia gracias al lenguaje. A partir de la palabra el hombre comienza a ser lo que es y, por ello, con la palabra se produce el advenimiento de la historia. La poesía (en sentido estricto), que rescata esta función originaria del lenguaje, es un acontecimiento histórico. Pero la palabra es también un peligro porque abre la posibilidad de que el hombre se pierda entre los entes mismos, de que los entes le oculten el ser. El hombre puede extraviarse en la curiosidad que lo hace afanarse por obtener información insustancial, que lo lleva a dispersarse por estar al día, y que lo aleja del asombro que es la verdadera fuente del descubrimiento del Ser. La palabra crea apariencias de sí misma que ponen en peligro el genuino decir: "Lo dicho en cuanto dicho no ofrece jamás garantía inmediata de resultar o dicho esencial o dicharacho." (1) La tercera sentencia habrá de aclararnos en qué sentido la Poesía es un acontecimiento histórico:"Muchas son las cosas que ha experimentado el hombre, y muchos los dioses que ha invocado, desde que somos un diálogo y podemos escucharnos unos a otros." La Poesía es un acontecimiento histórico porque funda la historia, porque posibilita la cultura de un pueblo histórico. Ser humano y lenguaje aparecen juntos, y el lenguaje -como propiedad comunal- es diálogo que une a los hombres. Lo que se dice del ente es un decir compartido. El lenguaje instala un mundo común en el que los hombres se encuentran. Los dioses invocados son interpretados por Heidegger como el ambiente espiritual de un pueblo; sus convicciones, creencias, costumbres y principios morales. Al nombrar, lo nombrado queda fijado como algo permanente y, desde esto permanente, el hombre puede apreciar lo tornadizo, lo venidero, lo pasajero. Se abre el tiempo y se funda la historia. Ser los hombres diálogo y ser históricos son acontecimientos simultáneos. Se plantea ahora la cuestión de quién es aquél que tiene el poder para arrancar, de la corriente del tiempo, lo permanente; quién puede detener lo duradero con una palabra. La respuesta está en la cuarta sentencia: "Pero lo que permanece es lo que los poetas fundan." Lo permanente y duradero tiene que ser rescatado del constante devenir, lo simple debe ser aislado a partir de lo complejo y el orden ha de ser establecido en medio del caos. El poeta es quien cumple esta función al nombrar las cosas en lo que ellas son. La tarea del poeta no consiste en dar nuevos nombres a lo que ya se conoce, sino en abrir el ente para que se muestre su verdad. El ser y la esencia de los entes no pueden obtenerse -en la filosofía heideggariana- por composición ni por deducción; son, pues, establecidos a través de una donación libre del poeta, a la que Heidegger llama un acto de fundar. La Poesía es la fundamentación del Ser por la palabra. Ahora bien, al fundar lo que el ente es, el hombre se funda también a sí mismo. El hombre es un ser poético porque gracias a la poesía es que sale de sí para otorgarles el ser a los entes y para fundamentar su propia Realidad-en-verdad. Pasamos a la última sentencia de Hölderlin: "Lleno está de méritos el hombre; mas no por ellos, por la poesía ha hecho de esta Tierra su morada." Todo lo que de meritorio pueda encontrarse en la actividad humana -el conocimiento práctico de las cosas, la fabricación de instrumentos y herramientas, el dominio técnico sobre el mundo, es decir: la cultura misma- tiene para Heidegger su origen en la Poesía, en la capacidad fundacional del mundo y del hombre que es propia del lenguaje. "No es la Poesía únicamente simple y adventicio adorno de la Realidad-en-verdad, ni transitoria exaltación espiritual, o tan solo acaloramiento o entretenimiento. Poesía es fundamento y soporte de la Historia y, por tanto, no es tampoco una manifestación cultural y, menos aún, expresión del alma de una cultura." (2) Al contrario, la Poesía es lo que hace posible la cultura. Peculiar intermediario entre los dioses y el pueblo, el poeta lleva a éste el mensaje de aquéllos. Sin embargo, los signos de los dioses que el poeta interpreta para el pueblo, los encuentra en la misma voz del pueblo: en lo que Heidegger llama "leyendas"; en esa "voz extenuada que en sí misma se calla; y, sobre todo, no puede por sí sola hablar con propiedad." (3) El poeta expresa lo que el pueblo intuye. El pueblo se reconoce en lo que el poeta dice y queda establecido el diálogo. Al determinar la esencia de la Poesía, Hölderlin no la concibe como un quehacer intemporal. La poesía siempre pertenece a un determinado tiempo. Si su poesía tiene como tema la propia poesía, no es por que su yo se complazca en un juego de espejos, no es porque el poeta desconozca la plenitud rebosante del mundo. Es porque le ha tocado vivir en un tiempo de indigencia en el que los dioses idos ya no están y los dioses por venir no hay llegado todavía. Es porque "al fundar Hölderlin de nuevo la esencia de la poesía, comienza por hacer un nuevo y determinado tiempo." (4) No hay un hombre universal. El hombre adquiere su humanidad en función de la cultura a la que pertenece, y el lenguaje no es sólo un elemento más de esa cultura: es el principio cultural por excelencia. El lenguaje posibilita el pensamiento y le permite al hombre interrogarse sobre sí mismo y responder a esa interrogante. Con el lenguaje el hombre determina lo que las cosas son, les asigna un sentido. El lenguaje es el origen del pensamiento, del hombre, de la cultura y del mundo; sin embargo hay que decir -como comúnmente hace Heidegger- que no se trata de factores sucesivos, sino simultáneos. La función fundacional del lenguaje es consustancial al pensamiento. En otro texto, Heidegger establece que "el pensamiento es el poema original, que precede a toda poesía literaria, y aun el elemento poético de todo arte." (5)Porque si bien la poesía, como arte de la palabra, ocupa en la estética de Heidegger un lugar especial, el autor considera que la Poesía -en el sentido amplio que él le otorga- es el origen de toda actividad artística. Todo arte tiene su inicio en el pensar que el hombre proyecta sobre los entes para situarlos en el claro del ser. La obra de arte (cualquiera que ésta sea) fija en su figura la verdad del ente que el pensamiento del artista ha establecido. (1) Martin Heidegger, Hölderlin y la esencia de la poesía, seguido de Esencia del fundamento, traducción, prólogo y notas de Juan David García Bacca, Editorial Séneca, México, 1944, p. 26. (2) Ibid., p. 36. (3) Ibid., p. 42. (4) Ibid., p. 45. (5) Citado por Joseph Sadzik, La estética de Heidegger, Editorial Luis Miracle, Barcelona, 1971, p. 227. |
| Synapsis Home Page | Más artículos miscelaneos | Más artículos en castellano |