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Una consigna, según el DRAE, es un dicho de agrupaciones políticas, sindicales, etc., orden que una persona u organismo dirigente da a los subordinados o afiliados.
Para el franquismo una consigna es un mandato que se entrega en los periódicos, para que éstos desarrollen obligatoriamente un guión hecho por las autoridades, sobre los más variados asuntos.
Los amos efectivos de toda la Prensa fueron las autoridades, pues los dueños legítimos de los periódicos no podían elegir entre aceptar el régimen de consignas y cumplir éstas a rajatabla o cerrar el periódico.
El sistema de consignas fue una traslación del espíritu militar y falangista al mundo de la Prensa, que se concibió como una prolongación de la gestión política, pero la culminación de la dictadura que se ejercía era: la obligación de disimular el mandato político que impulsaba la acción profesional. Los periodistas debían obedecer sin titubeos y mostrarse además contentos. La manipulación de la Prensa no podía ser perfecta si a los lectores les alcanzaba la sospecha de que todo lo que leían estaba ordenado por el poder político: Tras el acto de acatamiento era preciso un cuidado ejercicio de simulación.
De ello han quedado pruebas evidentes. He aquí un ejemplo del tono de las consignas y de la obligación de fingimiento. (7 de noviembre de 1941):
"Es un deber de la Prensa nacional contribuir al mayor éxito posible del "Aguinaldo para la División Azul", que no es una mera iniciativa de la Sección Femenina, sino un homenaje nacional de gratitud de nuestros heroicos voluntarios, a la mejor juventud de España".
Tras ordenar que todos los periódicos publicaran "con el máximo relieve comentarios expresivos y sentidos que sirvan de recuerdo a todos los españoles para que ninguno deje de contribuir con su donativo a la cordial y honrosa tarea emprendida", la consigna imponía a sus destinatarios la obligación de sentirse entusiasmados: "(...), huyendo del tópico y del comentario de encargo, a fin de que en la unidad de los trabajos se observe, no un sistemático matiz de consigna, sino una coincidencia de sentimiento espontánea y viva, que rinda la máxima eficacia y responda a la justicia, también máxima, que inspire el homenaje".
Pero la imposición del disimulo no se limitaba a la ocultación de las consignas. Había que encubrir también el origen de ciertas informaciones, por lo que muchas consignas acababan con la frase: "sin citar la procedencia de la noticia".
La exaltación, la magnificación, la adulación de Franco fue objetivo principal de la censura y en particular de su brazo de acción más importante, las consignas. Los periódicos estuvieron forzosamente llenos de alabanzas, aplausos, comentarios laudatorios y noticias minuciosas sobre su dedicación al cargo.
"El Español" lo comparó con Carlos V, César y Napoleón. "Arriba" lo comparó con Alejandro Magno. El diario "Extremadura", con Juana de Arco. "El Ideal Gallego", con Hércules y Don Quijote. "Ya", con Agamenón, Almanzor y Recaredo.
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