2.- LOS CORRESPONSALES EXTRANJEROS EN El BANDO FRANQUISTA

 

Al producirse la sublevación contra la República acudieron a España decenas de corresponsales de todos los países y de todos los medios que buscaron información en ambos bandos. Sus crónicas contribuyeron a formar una opinión pública en el extranjero.

 

El interés de la opinión publica mundial por los acontecimientos españoles se mantuvo en general vivo durante los tres años de la guerra, hubo momentos en que se prestó menor atención a España, acaparando los titulares otros acontecimientos. Aquellos países más directamente implicados en la ayuda a uno u otro bando no dispusieron de corresponsales en el bando contrario. Del resto de los países los hubo en ambos bandos, con una mayor presencia en el bando republicano. De todos modos, ya desde finales de 1937, cuando parecía que las tornas se inclinaban hacia los sublevados, el interés de los corresponsales se orientó algo más hacia lo que parecía que iba a ser la nueva España, a pesar de las dificultades de información.

 

El método empleado para el control por parte de los franquistas fue muy rígido desde el primer momento. Los corresponsales acreditados recibían regularmente notas informativas de las autoridades y tenían absolutamente limitada su libertad de movimientos. Para trasladarse a zonas de combate debían ir acompañados de un oficial destinado al efecto. Todos sus despachos estuvieron sometidos a una rígida censura militar y política desde la primera hora.

 

Entre los franquistas fue Luis Antonio Bolín quien tuvo la iniciativa de crear un servicio que asesorase y, sobre todo, controlase a los corresponsales extranjeros. Esta oficina de prensa, expedía a los periodistas extranjeros unas tarjetas de identificación. Una de sus primeras preocupaciones fue determinar la relación entre los artículos aparecidos en los periódicos extranjeros (muchas veces hostiles a los avances franquistas) y los corresponsales que podían haberlos enviados, aunque aparecían con otra firma. Fueron muchos los periodistas expulsados.

 

A partir de enero de 1937 el control de los corresponsales extranjeros pasó a la Delegación del Estado para la Prensa y la Propaganda. Con la Ley de Prensa de 1938 se creaba el Servicio Nacional de Prensa que también participaba en el control de los corresponsales. El control férreo que se ejercía en el bando franquista impidió prácticamente la actuación de aquellos corresponsales que no mostraban simpatías por la causa de los sublevados.

 

Naturalmente, no hubo corresponsales soviéticos en la zona franquista, así como tampoco los hubo alemanes o italianos en el bando republicano. En cuanto a los corresponsales de los grandes países democráticos (Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos), los hubo en los dos bandos. Muchas veces se distribuían en uno u otro según las afinidades políticas o religiosas de los medios que los enviaban. También los hubo que informaron primero desde un bando y luego desde el contrario.

 

En otros casos, hubo algunos grandes periódicos que mantuvieron corresponsales en ambos bandos: New York Times, Chicago Tribune y el Daily Mail de Londres.

 

Fueron numerosos los corresponsales que terminaron juzgados y condenados por los franquistas. Los que eran capturados al ocupar ciudades eran tratados como espías.

 

En apoyo de la República merece destacarse a Ernest Hemingway. Según algunos autores, sus crónicas periodísticas, por otra parte literariamente excelentes, pecaban en exceso de sangre y truculencia.

 

Junto a los corresponsales extranjeros que actuaron en ambos bandos, llegaron también a España fotógrafos y cineastas, cuyas imágenes inmortalizaron las terribles escenas de la contienda. Las fotografías y las películas, sufrieron también el rigor de la censura, las fotografías de la guerra civil llenaron las revistas ilustradas más importantes de todo el mundo. El Alcázar sitiado, Guernica destruida, escenas de la retaguardia, los milicianos, los falangistas, o los requetés, se convirtieron en imágenes familiares fuera de España.

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