1.- EL BANDO FRANQUISTA EN LA GUERRA

 

El ejército, el clero y el nuevo partido iban a uniformar rígidamente la información y la propaganda en el bando de los militares rebeldes, cuyo modelo propagandístico hay que buscarlo en la Italia mussoliniana y en la Alemania hitleriana, pero sin el carisma de sus líderes y con un tinte clerical y pacato.

 

La iglesia puso toda su organización al servicio de la propaganda de los franquistas, aportando gran parte del contenido ideológico de lo que iba a ser el nuevo régimen y proporcionando a los jefes rebeldes la justificación necesaria para su acción. A pesar de este apoyo incondicional del clero, el clero vasco fue la voz permanente de la rebelión.

 

Dispusieron inicialmente de menor infraestructura que en el bando republicano en cuanto a todos los medios posibles de difusión de propaganda. Los periódicos, tradicionalmente de derechas, siguieron funcionando sujetos a una rígida censura. Surgieron otros nuevos, órganos del nuevo partido único, la mayor parte de ellos procedentes de la incautación de los periódicos que eran propiedad de sindicatos o de partidos de izquierdas.

 

Además de los periódicos de carácter netamente falangista, el grueso de la prensa lo constituirán periódicos de información general: ABC, La Gaceta del Norte (Bilbao). Todos estos periódicos tenían una tendencia claramente conservadora, que contribuirán a ampliar la influencia del régimen naciente. La Falange controlaba desde su Jefatura de Prensa diecisiete diarios y veintitrés semanarios.

 

En 1936 se constituyó el Gabinete de Prensa de la Junta de Defensa Nacional, que poco después cambiaría su denominación por la de Oficina de Prensa y Propaganda.

 

En 1937 nació la Delegación del Estado para prensa y Propaganda, cuyo primer delegado fue el general Millán Astray. Esta Delegación pasó a depender del Ministerio del Interior en 1938.

 

Falange dispuso, por otra parte, de una Delegación Nacional del Servicio Exterior, que tuvo una intensa actividad propagandística en contacto con grupos de Falange en el exterior o grupos afines en otros países.

 

Una de las realizaciones más importantes en el terreno de la propaganda del bando franquista fue la promulgación de la Ley de Prensa del 22 de abril de 1938, obra de Serrano Suñer, que estará vigente en España hasta 1966, a pesar de haber nacido con carácter provisional. Los falangistas conciben a la prensa como un servicio publico y que los organismos pertinentes del Estado pueden intervenir en su gestión y en sus contenidos en toda ocasión.

 

No faltaron intelectuales ilustres en la España franquista que contribuyeron a la actividad propagandística: Unamuno (aunque luego terminaría separándose de ellos con su famoso "venceréis, pero no convenceréis"), Pío Baroja, Manuel Machado, Wenceslao Fernández Florez, Enrique Jardiel Poncela, y los jóvenes Ramiro de Maeztu, Gonzalo Torrente Ballester y Luis Rosales.

 

En 1937 se creará en Salamanca la revista de humor "La Trinchera", que contará con colaboradores como Edgar Neville. Esta revista llegó a superar los 100.000 ejemplares.

 

También el teatro y otros espectáculos públicos fueron canales de la propaganda "nacionalista". Luis Escobar formó la Compañía de Teatro Nacional de FET y las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindical), que representó sobre todo obras clásicas. Las corridas de toros siguieron celebrándose como si nada hubiera pasado, saludando, eso sí, los toreros brazo en alto al acabar el paseíllo.

 

Con carácter asistencial pero también propagandístico nació el Auxilio de Invierno, calcado de su homónimo alemán. También ejerció tareas de propaganda la Sección Femenina de Falange. Se crearon en la retaguardia los "Hogares de Reposo del Soldado" y los "Hogares del Herido", a través de los cuales se organizaron cursillos de orientación cultural y propagandística. Más específicamente orientado a los frentes de batalla, se creó el "Servicio de Lectura para el Soldado" que, con supervisión de la Iglesia y de Falange, distribuía libros y otras publicaciones entre las tropas.

 

Con medios más precarios que en el bando republicano y demostrando también un menor interés por la labor propagandística comenzaron a actuar como representantes oficiosos del nuevo Estado. Contaron también con los corresponsales de los periódicos más conservadores. Se apoyaron en los partidos de derecha de los distintos países, en la Iglesia Católica y también, en menor medida, en los servicios diplomáticos de los países que les apoyaban abiertamente, como Italia y Alemania.

 

El tema de la Raza y de la Hispanidad fue un argumento recurrente de la propaganda franquista, durante y después de la guerra consiguió tener un eco considerable en la América Hispánica. La Falange dispuso fuera de España de una "Falange Exterior", especialmente presente en los países hispanoamericanos Publicaciones en el Nuevo Continente: Arriba (Buenos Aires), Arriba España (La Habana), Nueva España (Ecuador) y Cara al Sol (Puerto Rico).

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