(A Memorable Fancy) De hecho, hoy en día se considera un poeta (en muchos sentidos) moderno. Así pues no es de extrañar que apenas tuviera seguidores en su época y que nunca saliera de una vida humilde, sobreviviendo gracias a su otra pasión, el grabado, que complementaba a su obra literaria en una fusión perfecta. De hecho fue tan dibujante como poeta. Su estilo es ciertamente confuso en muchas ocasiones, salpicado de incoherencias y desmesurado en su forma y tono. Fue sin duda un precursor y para interpretarle hay que echar mano tanto del pasado como de los más arriesgados estilos modernos. Y en su poesía, como en la verdadera (??) poesía, las palabras sugieren más de lo que dicen; así que la mejor manera de leerlo es dejarse arrastrar por ese caos, esa confusión de su estilo e impregnarnos de lo que nos va sugiriendo. Un estilo que se regocija en las contradicciones. Se puede pensar que su peculiar estilo tiene mucho que ver con la locura. Nunca se probó que estuviese loco, pero lo cierto es que reconocía tener las más delirantes visiones desde niño (se le aparecían profetas bíblicos, Jesús, los apóstoles, su venerado colega Milton...), muchas de las cuales traladaba directamente a sus grabados y poemas (muchas de sus obras son fruto del dictado directo de sus visitantes celestiales). ¿Inspiración? ¿Locura? En su tiempo fue considerado un loco; lo que es evidente es que poseía percepciones sensoriales y emotivas distintas de los demás. Realmente qué más da... Su anclaje en la realidad venía siempre de la mano de su paciente esposa Catherine, decisiva en su vida y en su obra y de origen aun más humilde que él. Empezó a escribir ya de pequeño, con un acierto exquisito para su edad. No tuvo una educación que le permitiera cultivarse: era todo lo autodidacta que podía entre plancha y plancha de grabado. Incluso podemos encontrar con frecuencia errores de ortografía y gramática en sus escritos. Una característica destacable de su pensamiento era la apología del placer sin freno y de la promiscuidad (su mujer tuvo gran mérito en soportarle), aunque esto no quitaba para que la religión fuese algo fundamental para él: una religión muy suya (centrada en las figuras de Satanás y Jesús; la madre de Jesús era una adúltera), eso sí, pues no comulgaba con nadie: para él la Biblia era una fuente incomparable de conocimiento pero debía ser leída a la luz de la propia conciencia y nunca venerada al pie de la letra; por tanto condenaba todas las religiones autoritarias, igualmente corrompidas desde su origen. Siempre, en religión (la imaginación es el único órgano de percepción espiritual) o en amores, sus versos proclamaban siempre los derechos soberanos e inalienables del corazón. Esa era una de sus principales banderas en esa misión sobrenatural que estaba convencido debía cumplir. Otra de las particularidades de su concepción de la religión era que para él la creación no era sino la obra nefasta de un dios caído, nunca obra del poder supremo (por ejemplo en Songs of Experience el creador aparece como un tirano vengador que hace reinar la consternación y propaga el mal). Esto concuerda con su cosmogonía particular, reflejada en muchos de sus poemas, y que parece salida de la Grecia clásica: sus visiones (y por tanto sus poemas) se resuelven muchas veces en cataclismos cósmicos, en luchas y uniones de titanes, en nacimientos prodigiosos y matanzas terribles, epopeyas de terror y éxtasis. Algo así como "Lovecraft viaja a Grecia y se toma un ácido". Y ¿de qué pretende estar hablando Blake con toda esta parafernalia alucinativa? Su argumento viene a ser siempre el mismo: la narración de la creación, caída y regeneración del género humano. Y siempre posicionándose en contra del racionalismo contemporáneo (Locke, Newton, Bacon), los intelectuales, los científicos... sus auténticos enemigos. Para él todo ha de ser percibido a la luz de la inspiración, no del análisis. El porqué de este repudio de lo racional se encuentra en la limitación que las percepciones de nuestros sentidos imponen a nuestro universo racional, uno de los puntos capitales de su doctrina (de eso habla el verso citado antes que tanto impactó a Jim Morrison). La imaginación es para él la única facultad que nos da asidero sobre la realidad. Son nuestros sentidos los que nos engañan. Glorificación de los instintos... Por otro lado, debemos fijarnos en qué época vivió: el alumbramiento de las Revoluciones (1789, Francia, EE.UU...). Para él estos acontecimientos eran fuente de apasionada inspiración y tenía puestas grandes esperanzas en ellos: esperaba el triunfo definitivo de la libertad (la liberación total de los corazones), el advenimiento de una Nueva Era de Virtud, Paz y Felicidad. Pero es la suya una libertad entendida individualmente: el individualismo absoluto y la anarquía moral caracterizan su pensamiento (al estilo de Nietzsche). El deber supremo de cada uno es sobrepasar los propios límites y crear ese superhombre: el Sabio de la Montaña. El pensamiento de Blake se concreta de forma muy trasparente es ciertos poemas, que son prácticamente una recopilación poetizada (a modo de proverbios o de epigramas) de su refranero particular (por ejemplo en Proverbs of Hell). Algunas ideas reflejadas por Blake son:
Algo curioso que podemos descubrir en su obra es que Blake fue también un destacado inventor de nombres: gran parte de sus personajes no han podido ser emparentados etimológicamente con ninguna fuente; ¡le eran revelados! El ciclo poético de Blake evoluciona desde un evangelio de la violencia fanática libertaria y sensual del romántico embriagado hasta la mística del amor. Una alegoría que se dirige a la visión espiritual permaneciendo oculta al entendimiento, tal es mi definición de la poesía (W.Blake, 1803). Seguir la imaginación al pie de la letra... Así sus obras no contienen complicaciones expresivas, búsqueda de matices, comentarios ni explicaciones. Las pinceladas se suceden fuertes y sencillas. El suyo es un culto exclusivo a la imaginación y la pasión. El mundo para él sólo es apariencia y la misión del artista es penetrar bajo su engañosa superficie para alcanzar lo absoluto. Ahora acabaremos dando la palabra a este poeta rebelde, entusiasta, visionario, arrebatado, gravemente religioso, esperanzadamente místico que fue William Blake: Fragmentos:
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