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Malasombra
por Sergi Albir / Abril'97 |
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"Dicen que si una revista llega hasta su sexto número, ya tiene una cierta garantía de continuidad", mantiene Paco Sales, un Malasombra, con la séptima entrega de la revista en sus manos. Con el tono de provisionalidad asumida, un grupo de artistas ( Álvaro de los Ángeles, Antonio Moratalla, Carlos Maiques, Cepillo, Isabelle Bonet, Modesto Granados, Paco Sales y Víctor Palau) de madurez no confirmada (o de evolución persistente, que viene a ser lo mismo) lanzan más o menos cada seis meses una publicación llamada Malasombra que se deja vagar entre la fotografía, el collage y su origen, el cómic. "Lo cierto es que la periodicidad semestral es algo ficticia", confiesa Carlos Maiques. "Cuando tenemos material suficiente, editamos. Así, han habido números que hemos editado tres meses después del anterior, y hasta que ha aparecido otro ha pasado casi un año. Pero ahora estamos decididos a ser auténticamente semestrales". No deja de ser curioso, sin embargo, que gentes tan decididas a no dejarse vincular por criterios de comercialidad, se empeñe en ordenarse entre los días. "Conectamos poco con el público" matiza Sales, "pero no nos preocupa qué haga el lector. Desde luego, siempre se agradece que todo el mundo te diga que le gusta mucho lo que haces y esas cosas, pero Malasombra es más bien una forma de expresarnos. Ninguno pretende comer con esta revista, porque hoy en día es casi imposible vivir de los tebeos". En cualquier caso, sus expectativas económicas no son muy halagúeñas. Pese al número creciente de librerías especializadas en comics, las ventas de las publicaciones innovadoras no parecen mejorar: "las propias tiendas no quieren arriesgar con productos poco lucrativos, y las hay que ni siquiera quieren coger nuestras revistas", dice Álvaro de los Ángeles.
El viaje entre diversas alternativas artísticas de expresarse es un modo clave de acercarse a Malasombra. "Aquí cabe de todo. Como autores y como lectores procuramos que interese el contenido, y no la forma de expresión". Los contenidos puros son más bien minoritarios en este coto de experimentación: la narrativa gráfica se entiende desde una perspectiva amplia, y no desde una punto de vista de subgénero. La imagen se mezcla con el texto de muchas formas diferentes. De hecho, cada autor ejerce de alquimista de una manera diferente para cada ocasión, con la honrosa excepción de Cepillo, que suele mantener algún convencionalismo, alguna fidelidad a la historieta más popular, al menos en aspectos gráficos.
Malasombra no es, pese a tener contactos con otras operaciones similares lejos de su metrópoli, como Monográfico, una publicación famosa fuera de Valencia y apenas sí dentro de la ciudad: acaso la abundancia de artistas pueda eclipsarles. "Aquí", comenta el grupo de artistas, "hay mucha gente que va de artista, que se mueve, pero la mayoría acaba por no hacer nada. Demasiado hablar, y luego no son capaces de sentarse a dibujar, a escribir, a lo que sea..."
Carlos Maiques, acaso el más prolífico de los Malasombra es el más resignado a la poca reacción del público: "sacar una revista ahora, aunque no nos preocupe demasiado, es llorar un poco. Con 350 ptas. la gente prefiere tomarse una cerveza, pero no es cuestión de ponerse a hablar de la eterna crisis del cómic". "Que lancemos nuestras propuestas" añade Sales "no quiere decir necesariamente que nos vayan a hacer caso. Lo que resulta claro es que la calidad no es garantía de nada. Es más ¿quién decide qué es bueno y qué no? Nosotros somos más autocríticos con nuestro trabajo que con los colaboradores, pero eso puede que solo sea porque no valoramos demasiado nuestro trabajo. Fuera de España las cosas están incluso peor: en Francia o Inglaterra la gente no se juega el dinero en publicaciones experimentales".
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