Concierto de Def Leppard
Def leppard fueron, durante muchos años, el paradigma de banda
de masas con el directo más alucinante y dinámico del momento;
rock potente para (casi) todos los públicos.
Las largas esperas a las que nos sometían entre uno y otro disco
eran casi marca de la casa (desgracias personales, producciones
interminablemente complejas, ...), pero ese marear la perdiz
que hemos vivido desde Adrenalize (dos recopilatorios con algún
tema nuevo, justo lo necesario para putear a los fans más fieles)
hacía presagiar que algo se estaba moviendo en el seno de la banda.
Y es que el tiempo ha pasado, y en la época del grunge ¿...?, el
britpop y el rock industrial parece que no queda sitio para aquel
hard-rock melódico, intrascendente y desenfadado que les llevó a
la cumbre.
Otros se habían quedado en el camino, pero los Leps eran demasiado
grandes. No obstante, en el 96 la disyuntiva era clara:
- a) intentar repetir la antigua fórmula: éxito previsible, pero
moderado, de público; fracaso seguro de crítica y sensación general
de anquilosamiento.
- b) cambiar; como sea, lo que sea, pero cambiar... y rezar para que
salga bien.
Qué poco apetecible suena la opción b)... y qué remedio quedaba que
aceptar el reto.
Y eso es lo que ha hecho Def Leppard. El resultado, Slang, ...
bueno... se deja escuchar... pero estos no son mis Def Leppard.
¿Asumo yo la resistencia al cambio que ellos han vencido?. Quizá...;
pero ya no siento lo mismo, y eso es algo que ni yo mismo puedo
cambiar. Cuando espero delante del escenario me pregunto hasta qué
punto el directo de los Def Leppard del 96 seguirá siendo el de
aquel grupo que llenaba estadios hace diez años. Pero ahora tengo
una buena razón para aparcar mis dudas durante al menos media hora:
Terrorvision.
Les vimos en el pasado Festimad, y lo dicho allí (ver Synapsis núm. 3
mayo-junio) es aplicable en esta ocasión. Realmente, me la siguen
trayendo flojísima todas las voces que les acusan de banales y faltos
de contenido. El rock, y por extensión la música en general, sirve
para transmitir cualquier tipo de sensación. Terrorvision transmiten
sensaciones tan poco banales como alegría y ganas de pasarlo bien.
A mí me volvieron a hacer pasar un rato fenómeno, y eso es algo que
no está al alcance de cualquiera. Potentes, simpáticos; un buen
repaso a sus hits y todos a saltar. Espero verles algún día como
cabezas de cartel.
Cuando (nuevamente) se apagan las luces suena We Will Rock You...
a ver si es verdad; de momento, no es un mal presagio. Seguidamente
aparecen los Leps e inmediatamente todas las dudas quedan resueltas:
los primeros acordes corresponden a... Rock till you drop !!!.
Y ahora estoy seguro: esta va a ser una gran noche.
Efectivamente, experimentos de estudio más o menos logrados aparte,
Def Leppard no han perdido un ápice de su energía en vivo; uno tras
otro, descargan todos sus hits de los 80 (Foolin, Photograph, Rocket,
Hysteria, Animal, etc., etc.) sin una sola concesión a sus temas más
reposados hasta bien entrado el concierto.
Realmente, y esto es una prueba de hasta qué punto Def Leppard
siguen siendo tan killers como siempre, la única gran diferencia
entre este show y los de tiempos pasados (al margen del tamaño del
recinto) no pasa de ser una anécdota, y es que Rick Savage aparece
con el pelo (más bien) corto (vaya, era el único Lep cuya imagen se
había mantenido casi intacta desde los primeros tiempos).
Llegado el turno de los solos, resulta especialmente emocionante
el de Rick Allen; aun después de tantos años, parece difícil de
creer el sonido que extrae de su batería. Y Joe Elliot... su voz
sigue sorprendiéndome; realmente, en los discos de Def Leppard hay
algo más (mucho más) que una cuidada producción.
No sólo la selección de temas sino también su orden de aparición
fueron todo un acierto: caña a discreción con un receso acústico
hacia mitad de concierto, que sirvió para que todos descansáramos
un poco y para que la banda nos mostrara su otra cara, más relajada
pero no por ello menos interesante, en la que afortunadamente
omitieron sus temas más empalagosos y donde aprovecharon para,
sentados todos, salvo Allen, con sus instrumentos en la parte
delantera del escenario, conectar con el público de una forma
más íntima. A destacar el solo de ¿flamenco? que se marcó Phil
y un tema cantado por Vivian Campbell.
Por cierto, hablaba del público: se nota que aquí había sólo fans
(algo bueno tenía que tener el que la popularidad del grupo haya
descendido) y no niños que vienen a jugar. Me explico: los fans
más jóvenes son tan bienvenidos como cualquiera, pero últimamente
se ha hecho tristemente habitual acudir a los conciertos... pues
eso, a jugar, y resulta bastante cargante, sobre todo para el
auténtico seguidor, sea de la edad que sea, que va a disfrutar
de su banda. Aquí no había gente de relleno, y la audiencia fue
un elemento más de un gran concierto.
En medio del buen ambiente general, hasta las canciones del
último album son bien recibidas; tampoco abusaron de ellas.
Slang sonó muy divertida y Work it out no desentonó. En
cualquier caso, la audiencia vibraba mucho más con las
esperadas Pour some sugar on me, Bringing on the heartbreak,
Let's get rocked,... no faltó ni una. Hasta dos veces volvieron
Def Leppard al escenario, y terminaron regalándonos lo que para
mí (y esto es un poco a título un poco personal) era el fin de
fiesta idóneo: un tema, a mi modo de ver, emblemático de una
banda dedicada al ROCK con mayúsculas: Rock of Ages... Still
rolling, keep on rolling.
Iñaki Díaz de Etura
Concierto de Suede / Boo Radleys
La Riviera (Madrid), 10.11.96
Ambientazo en La Riviera para presenciar la presentación en directo
de los nuevos discos de Boo Radleys y Suede. Lleno a rebosar al que,
por cierto, contribuyeron en cierta medida aficionados foráneos que
tampoco se quisieron perder a su grupo preferido.
Ya durante la actuación de Boo Radleys el lleno era considerable,
aunque incluso en las primeras filas era Suede el acto más esperado.
Boo Radleys ofrecieron un concierto correcto, evidenciando que lo
suyo no ha sido casual, aunque la escasa repercusión de su último
lanzamiento parezca indicar lo contrario. Encumbrados ayer, denostados
hoy, olvidados mañana; los caminos de la industria discográfica son
inescrutables (y que se lo pregunten si no a los propios Suede, que
de eso saben bastante). En cualquier caso, Martin Carr y compañía
cumplieron con creces ante un público que esperaba mayoritariamente
lo que venía después.
Suede despejaron la incógnita hace tan solo un par de meses. Aunque
han pasado ya dos años desde que Bernard Butler abandonó la nave, el
por entonces recién estrenado Dog Man Star ha permitido al grupo
seguir viviendo de las composiciones del binomio Anderson-Butler.
Oakes demostró enseguida poder suplir con creces a su antecesor en
el directo; pero no se puede hacer un buen directo sin unos buenos
temas. Coming up es la respuesta. Y evidencia que la ausencia de
Butler se ha notado... para mal. Un buen disco que complacerá a la
mayoría de los fans, pero que está lejos de su brillante debut y,
más aún, de su fantástico Dog Man Star.
En cualquier caso, un puñado de buenos temas (eso, y no más, es
Coming up) de los que echar mano para completar un gran show. Al
concierto...
Comienzan con She, un claro ejemplo de lo que Suede nos ofrece en
el 96. Le falta algo para ser equiparable a antiguos hits, pero el
efecto directo funciona a la perfección, cosa fácil cuando sobre el
escenario está Brett Anderson.
Si el cantante es la imagen de una banda, se comprende por qué
Suede no dejan indiferente a casi nadie. Más aún, cuando dicha
imagen es todo uno con su música, se ve claro por qué Suede han
sobrevivido a las críticas de la prensa musical inglesa; el
artefacto se les ha escapado de las manos: ahora Suede son sólo
patrimonio de Brett y compañía, y de su legión de fans. Su
credibilidad supera con creces a la de los críticos que intentan
ahora hundirles (creedme que da auténtica verguenza leer algunas de
las críticas que han salido de Londres en los últimos meses).
El repertorio se basó en Coming up, que cubrieron casi en su
totalidad; una pequeña decepción para los que, como yo, vivían por
primera vez la experiencia Suede. No faltaron, por supuesto, algunos
de sus temas emblemáticos: So young, The wild ones o la imprescindible
Animal Nitrate hicieron vibrar especialmente a una audiencia que
se sabía de memoria todos y cada uno de los temas, antiguos y nuevos.
Si una novedad destacable presenta esta nueva gira, es la presencia
de Neil Codling, el nuevo teclista (antes, Suede eran cuarteto).
Quizá sea el complemento perfecto para el directo de la banda, ya
que no sólo se encarga de las teclas sino que, además, aporta los
coros con una voz que complementa perfectamente a la de Anderson.
Tras aproximadamente una hora, el grupo se retiró del escenario
por primera vez para dar paso a unos bises que fueron, quizá, la
única pequeña gran decepción de la noche. Primero, por su brevedad,
tan solo un par de canciones ante un público y una atmósfera que
claramente pedían, merecían, más; segundo, y a título un poco más
personal, porque tras el atracón de Coming up parecía el momento
idóneo para recordar el pasado reciente: Metal mickey, The drowners,
This Holywood life, Stay together... sé que cada uno tendrá las
suyas, pero creo que todos echamos de menos unas cuantas esa noche.
Una pequeña decepción que no puede empañar lo que fue un gran
concierto, de los que dejan esa sensación especial que, por unas
horas, días, te hace sentirte feliz de estar en este mundo...
lo cual, en los tiempos que corren, no es poco.
Pd. Porque uno es sólo fan y no periodista, la siguiente lista
no es rigurosa en cuanto al orden de aparición, pero porque uno
es (buen) fan, sí lo es en cuanto a los temas:
- She
- Trash
- By the sea
- Picnic by the motorway
- Heroine
- Filmstar
- Saturday night
- So young
- Lazy
- Animal nitrate
- New generation
- Europe is our playground
- The wild ones
- Starcrazy
- The beautiful ones
Iñaki Díaz de Etura